J.Goodman
la pornografía
"La pornografía es el género cinematográfico destinado a demostrar que,
en nuestras sociedades y economías actuales, el placer, como otras formas de riqueza, no se dona ni se comparte: se extrae".
Remixando lo que ustedes dicen (nueve frases de mi muro)
Hablále al mundo de los extraterrestres o lo haremos nosotros
esta vez voten
Alex de la iglesia está en Rosario. No sé, tenía que decirlo.
Yo perdí una cadenita
miremos
Vio consumirse su quebradiza salud en aquel encierro
Marx leía Spinoza y se dejaba afectar por la alegría. O por la cerveza.
Habría que encontrar un modo de hacer productiva a la gente drogada.
La idea es inundar Facebook con poesía.
Hablále al mundo de los extraterrestres o lo haremos nosotros
esta vez voten
Alex de la iglesia está en Rosario. No sé, tenía que decirlo.
Yo perdí una cadenita
miremos
Vio consumirse su quebradiza salud en aquel encierro
Marx leía Spinoza y se dejaba afectar por la alegría. O por la cerveza.
Habría que encontrar un modo de hacer productiva a la gente drogada.
La idea es inundar Facebook con poesía.
A un tipo que estoy viendo justo ahora
aunque sea de tela sintética
chino
con mango de plástico
falseado
en el Parque España
ciento cincuenta años después
no hay nada más victoriano
bajo el sol
que pasear con paraguas
bajo el sol
Un apunte sobre el Dakar. Rosario, 2014.
Pasan promotoras de cualquier cosa
(bebidas, lubricantes para autos, aseguradoras, amortiguadores, etc, etc)
Regalando gorras, globos, remeras, llaveros. La gente se desespera por agarrar algo. Les gritan, las agarran de los brazos. Les ruegan.
No importa qué reparten. Importa que sea gratis.
Recuerdo un capitulo de Breaking Bad donde una cajera le dice a Walter: Si es gratis, siempre es bueno. Walter, si mal no recuerdo, no le dice nada al respecto. Yo pensé: tiene un trabajo de mierda, tener algo gratis quiere decir, para ella, tenerlo sin trabajar. Zafar, por un instante, del trabajo de mierda. Del trabajo repetitivo, del trabajo en negro, del trabajo sin sentido, del trabajo riesgoso, del trabajo humillante.
Visto así, me da la sensación que agarrar una gorra de Fric Rot es un gesto de consumidor voraz (si es gratis, es bueno, siempre) pero también rebelde (si es gratis es porque no tuve que trabajar).
Por eso hay que discutir y repensar "la cultura del trabajo",
para que agarrar una gorra de Fric Rot no le importe a nadie.
(bebidas, lubricantes para autos, aseguradoras, amortiguadores, etc, etc)
Regalando gorras, globos, remeras, llaveros. La gente se desespera por agarrar algo. Les gritan, las agarran de los brazos. Les ruegan.
No importa qué reparten. Importa que sea gratis.
Recuerdo un capitulo de Breaking Bad donde una cajera le dice a Walter: Si es gratis, siempre es bueno. Walter, si mal no recuerdo, no le dice nada al respecto. Yo pensé: tiene un trabajo de mierda, tener algo gratis quiere decir, para ella, tenerlo sin trabajar. Zafar, por un instante, del trabajo de mierda. Del trabajo repetitivo, del trabajo en negro, del trabajo sin sentido, del trabajo riesgoso, del trabajo humillante.
Visto así, me da la sensación que agarrar una gorra de Fric Rot es un gesto de consumidor voraz (si es gratis, es bueno, siempre) pero también rebelde (si es gratis es porque no tuve que trabajar).
Por eso hay que discutir y repensar "la cultura del trabajo",
para que agarrar una gorra de Fric Rot no le importe a nadie.
Galileo estaba equivocado
Estaba por escribir:
"andar por ahí denunciando la obviedad de que el capitalismo mata tiene la misma utilidad que vivir anunciando el heliocentrismo"
hasta que encontré que uno de cada tres rusos y uno de cada cinco norteamericanos creen que el sol gira alrededor de la tierra.
entonces decidí reformular mi pedido; quedó así:
All we're saying is give Modernity a chance
"andar por ahí denunciando la obviedad de que el capitalismo mata tiene la misma utilidad que vivir anunciando el heliocentrismo"
hasta que encontré que uno de cada tres rusos y uno de cada cinco norteamericanos creen que el sol gira alrededor de la tierra.
entonces decidí reformular mi pedido; quedó así:
All we're saying is give Modernity a chance
A
la vuelta de mi casa hay un edificio sojero de mediana gama. Algunos
quizá lo recuerden porque lo sacudí poéticamente un par de veces, a
propósito de universidades privadas y radios de miami online.
En estos días, el edificio ensayó una venganza.
Como se vengan las cosas, indiferentes, silenciosas.
Porque un edificio sojero es, al 8 de diciembre, un edificio abandonado.
Cuento:
de 40 persianas, 7 levantadas. 80% desocupado.
(link mental: los números oficiales generales hablan de un 20% de familias con problemas de déficit habitacional en la ciudad).
Con motivo del extravío de mi felina favorita, hoy salí a pegar unos cartelitos y pegué en el edificio de mediana gama.
Junto al portero eléctrico.
Media hora más tarde lo habían arrancado.
Media hora después de ese arranque, parado en la terraza de un vecino,
escuché maullar a Soul. Había dos posibilidades: o estaba en la cochera
de ese edificio o en una casa contigua.
Fui hasta la puerta de la
cochera y la vi. Le grité. Vino. La acaricie por entre unas barras de
madera. Y de las ganas de agarrarla le di una patada (la resignación
nunca es total, cualquier acción encierra un sueño) a la puerta.
Fue
mi mejor chiste al temblor del inseguro crónico: la puerta se abrió y
me llevé a Soul, que estaba ahí desde antes de anoche.
Llegamos a casa, me rasguñó el pecho, tomó agua, comió y volvió a salir por ahí.
Ahora, desde mi ventana, miro ese amontonamiento de ladrillos bastante
feo. Se me aparece como una entidad casi volitiva. Pienso:
el boom sojero e inmobiliario prolifera en manifestaciones bizarras y se parece, cada vez más,
a una gata perdida en una cochera en pleno verano.
Un discurso político a la altura de los tiempos
Un discurso político a la altura de los tiempos tiene que incluir dos elementos -que son, a la vez, casi una ética- que han sido históricamente excluidos del aquél: exponer públicamente sus vacilaciones y recurrir no a la chicana sino al humor.
j.goodman
la quintita literaria
Leyendo a algunos, me hacen escribir:
El campo no, la quintita literaria, actual, me da mucha lástima. Años atrás, los escritores y escritoras eran insoportables porque se autoafirmaban como la vanguardia de la revolución. Ahora son insoportables porque cultivan unas rebeldías de quinceañera de clase media, y porque llaman a eso escritura para no aceptar que no tienen nada para decir.
Silence is sexy. Sean sexys.
El campo no, la quintita literaria, actual, me da mucha lástima. Años atrás, los escritores y escritoras eran insoportables porque se autoafirmaban como la vanguardia de la revolución. Ahora son insoportables porque cultivan unas rebeldías de quinceañera de clase media, y porque llaman a eso escritura para no aceptar que no tienen nada para decir.
Silence is sexy. Sean sexys.
vivir
Vivir es el acto de gastarse todo
en la ruleta
para luego enterarte que, sin apostar,
ganaste en el Blackjack.
en la ruleta
para luego enterarte que, sin apostar,
ganaste en el Blackjack.
Un sello deja marcas
(a propósito de los cien discos del sello Planeta X)
Un
sello deja marcas
Planeta X: constelación
con muchos centros de gravedad
de bordes difusos
entre coexistencias:
casas, fiestas, recitales, revistas,
instrumentos, cables, vasos, entradas,
muchas noches profundas y varios atardeceres,
gente en sillones, gente bailando, gente charlando.
Sello.
Un sello deja marcas.
Zona creativa, fundamental, núcleo duro,
de confluencia colectiva,
de experimentación artística, de aprendizajes tecnológicos,
de gestión cooperativa, de visibilidad pública.
Al 30 de mayo de 2013: 99 discos juntos, ajenos a los principios de
acumulación
o hacinamiento.
Porque los discos son cosas que no se suman.
De cerca, cada número es cifra de ideas,
luz sobre historias secretas de gente que ha visto melodías,
caminó entre armonías, abrazó ruidos,
four-on-the-floor y polirritmias.
Sintió el sabor agridulce de crear,
se fue a vivir, por mucho tiempo, a una estación de trabajo
de audio digital.
Planeta X discos es un sello -un catálogo-
sorprendentemente extenso. Sus orígenes se hallan enterrados
en una casa del centro de Rosario
en la mitad de la década de los noventa. Desde entonces
se ramificó como una membrana político-sensible,
como plataforma de atracción y diseminación
de maneras autogestivas
festivas,
de vivir las creaciones musicales,
de compartirlas.
La historia de Planeta X discos es la historia
de infinitas maneras de encontrarse para hacer
discos desnudos de estéticas tribales.
No es el gusto lo que decide qué se edita.
Tampoco la amplitud indiscriminada,
¿Cuál es, entonces, el criterio?
Arriesgo:
orbitar alrededor de la íntima relación
que cada uno establece con su propia música
y los afectos y las alianzas productivas
que construyen (a) aquellos que transitan lo musical
como colectivo.
Un énfasis en las experiencias, un criterio ético.
Una é(s)t(é)ica.
31 de mayo de 2013: llegamos al Cien.
Y alguien dice
que el Cien tiene que ser diferente
y otro dice
que el Cien tiene que encontrar
su lugar en el catálogo como si fuera su espíritu.
Entonces el 100
abre las puertas de la fábrica musical,
muestra que siempre hay
sonidos, silencios, imágenes, palabras,
manos, oídos, memorias, visiones de futuro
vibrando en simultáneo,
que siempre hay
personas
imaginando
improvisando
planificando
en construcción.
Si alguien dice
"Si alguien dice: "Todo cambia y tan pronto que no hay tiempo de habituarse, que siempre es necesario adaptarse, agotar ciclos. He aquí la historia...", habría que responder: "Primero, no todo lo que cambia es historia. El verse precisado a adaptar la pequeña tarea, repetir los ciclos, etc., no debe confundirse con las modificaciones, las transformaciones. Observemos bien. Las relaciones sociales, por ejemplo aquellas que llamamos "contractuales", ¿han cambiado?. Por lo contrario, si alguien dice: "Nada se ha movido. Eso que se transparenta es la naturaleza humana, el espíritu humano, su inmovilidad mental y social...", respóndase: "No, ¡pero no! Se anuncia una metamorfosis tal, que los vocablos corrientes "mutación", "cambio" ¡resultan débiles!"
Henri Lefevbre, LA VIOLENCIA Y EL FIN DE LA HISTORIA, 1973.
Henri Lefevbre, LA VIOLENCIA Y EL FIN DE LA HISTORIA, 1973.
Cinco minutos de Harlem
Diez negros vestidos en la frontera del
disfraz
que se arma en el mix entre un jeque árabe
un eunuco y
un guerrero mongol.
Polleras, botas, pecheras.
Azules, negros,
rojos, violetas, marrones, dorados.
Y todo Harlem incrustado en
sus anteojos negros.
De esos diez negros
uno estaba parado
sobre una tarima
con un micrófono conectado a una cajita
que
casi no tenía graves y daba a la escena
un tono muy grave.
Éramos
unos pocos ahí parados
testigos del tipo
diciendo que todo el
mundo en Estados Unidos
hacía algo
menos los negros.
Que
los chinos trabajaban
tanto como los hispanos.
Y que los negros
no hacían nada
O bueno, sí, dijo, hacían.
Iban a la cárcel.
Dijo:
"Les gusta ir a la cárcel tanto como a Bahamas",
en
medio de una carcajada nada festiva.
Llamó a la autodisciplina y
al trabajo, a la unidad
de los negros como la única forma de
sobreponerse
a la pesada carga que les ha echado encima
el
hombre blanco.
en este momento
Y pensar que en este momento, en algún lugar, hay gente haciendo algo, con cosas que hizo otra gente, que cambiará mi vida. La vida es esa simultaneidad sucesiva.
reloj pulsera
En un entorno tecnológico como el nuestro, en
cual para donde mires hay algún dispositivo que te marca la hora, llevar
reloj pulsera es, no sé... un anacronismo triste.
mandando a laburar
A los que resuelven todo "mandando a laburar"
les deseo
que trabajen hasta el último segundo de sus patéticas vidas.
les deseo
que trabajen hasta el último segundo de sus patéticas vidas.
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