libre (5º parte)

Para poder ir a buscar Watt tuvo que hacer unos desvíos, había zonas intransitables donde el agua llegaba casi a las puertas de las casas. A través de las ventanillas no alcanzaban a distinguir más que formas confusas, diluídas, que solo se hacían figuras determinadas en el instante posterior al paso del limpiaparabrisas. Luego todo volvía a ser indiferenciable.

Pudieron ver un taxi que había chocado contra una columna. Tenía la trompa destruída, el capot se había transformado en un techo a dos aguas deformado.

- Toca bocina.

Dos golpes, el otro auto respondió.

- Se le debe haber ido de las manos, dijo la mujer.

- Por la dudas andá con cuidado.

El tipo disminuyó la velocidad. Unas calles mas adelante cruzaron un paso ferroviario; sintieron una explosión y el auto se desestabilizó. Cuando recuperó la horizontal, la parte derecha de la trompa casi tocaba el pavimento y el movimiento era discontinuo, a los saltos. Habían pinchado. El tipo se agarró la cabeza, deslizó una insulto entre dientes y se golpeó los muslos con sus puños.

- Las herramientas están en el baúl. Dijo la taxista mientras se acomodaba la ropa.

El hombre salió del auto y se hizo visera con la mano. Las gotas eran rocas liquídas. Abrió el baúl, tomó lo necesario -estaba todo- y se fue a la parte delantera del auto. Se puso la camisa sobre la cabeza para poder trabajar con las dos manos y terminar lo más rapido posible.

No era la primera goma que cambiaba en su vida y en los autos nuevos el procedimiento es muy sencillo. Terminó en diez minutos, guardó todo y volvió al habitáculo.

- Estás empapado, me vas a arruinar el tapizado.

- Si, ya sé. Disculpáme.

El hombre se miraba y miraba, por el espejo, a la taxista, que ahora movía las manos.

- Estás disculpado, pero el tapizado se arruina igual. Mirá, en la guantera hay unas bolsitas de nylon. No te las ofrecí antes porque son chicas pero podrías sacarte la ropa y meterla ahi.

El hombre se quedó en silencio, la tarea había sido facilísima pero los impactos interminables de las gotas de lluvia sobre su cuerpo lo habían agotado. TenÍa la boca entreabierta, respiraba agitado, su cabeza todavía chorreaba.

- Bueno.

Empezó con los zapatos, siguió con las medias, la camisa y el pantalón. Estaba a punto de sacarse el calzoncillo cuando la taxista lanzó una tosesita.

- Está bien, está bien asi, tampoco es para tanto.

Entonces el tipo metió todo en la bolsa, la cerró haciendo un nudo y la acomodó debajo de su asiento.

- Bueno, listo. ¿Seguimos?, dijo.

- Seguimos.

Presionó el acelerador y sintió el frío de la goma en la planta del pie. Recordó esos diez minutos bajo la lluvia torrencial, asombrado de haberlos experimentado.

- Hiciste rapidísimo. Yo ya me hacía media hora de parate. Muy buen trabajo.

- Gracias. Hace un tiempo atrás, en otro taxi, me pasó lo mismo. En realidad lo mismo no, porque no llovía. La taxista aquella tambien me felicitó. Al final parece que tengo aptitudes.

Buscaba los ojos de la taxista en el espejo.

- Tuve experiencias de más de dos horas de espera. O sea que sé lo que te digo. Escucháme, siete u ocho calles mas y estamos en Watt. Cuando llegues doblá a la derecha y hacé tres.




1 comentario:

barbara dijo...

no te digo
siempre el agua...






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