En la caída de Adam (Smith), todos pecamos

por Marshall Sahlins


El castigo fue el crimen. Al desobedecer a Dios para satisfacer sus propios deseos, al anteponer el amor a sí mismo frente al amor único por Él, el hombre fue condenado a ser esclavo de insaciables deseos carnales: una criatura abandonada en un mundo perverso y meramente material, ignorante y limitada por el trabajo, el sufrimiento y, finalmente, por la muerte. Hecho de "espinas y cardos", el mundo, dijo Agustín, "no responde a lo que promete: es un hipócrita y un perjuro." La decepción sobreviene de la imposibilidad de saciar nuestros deseos libidinales a través de los bienes terrenales, del poder y de los placeres carnales. Así que el hombre fue condenado a "perseguir una cosa tras otra, sin que nada permanezca con él... sus necesidades son tan múltiples que nunca encontrará lo necesario, algo simple e inalterable."

Pero Dios fue generoso. Nos dio la Economía. En la época de Adam Smith, esta miseria humana ya se había transformado en una ciencia positiva de cómo hacer frente a nuestras insuficiencias eternas; es decir: cómo extraer la mayor satisfacción posible a partir de medios que son inevitablemente inferiores a nuestras necesidades. En principio, no era más que la antigua antropología judeo-cristiana sólo que aburguesada y, vista en su conjunto, un proyecto más alentador sobre las opciones de inversión que ofrece el sufrimiento humano. En un famoso ensayo al respecto, Lionel Robbins reconoció explícitamente que la génesis de la Economía se hallaba en la economía del Génesis. "Hemos sido arrojados del Paraíso", escribió, "no tenemos vida eterna ni medios ilimitados para satisfacerla" -en su lugar, enfrentamos una vida llena de privaciones en la que elegir una cosa buena significa privarse de otra. La auténtica razón de que la Economía sea lamentable reside en que es la ciencia del posdeterioro. Y el Hombre Económico que habita la primera página de cualquier libro de texto sobre Principios Generales de Economía es Adam.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

oootra cosa, pero la cita me disparó por aca……… he aquí una extraña génesis
el castigo (divino) está / es en el origen del deseo,…mientras es el devenir del deseo lo que ha convocado el castigo.

La decepción sobreviene de la imposibilidad de saciar nuestros deseos…………….
¿y si los saciáramos, que seria de nosotros?

gq dijo...

está bueno: Dios nos habría castigado doblemente: a desear y dolernos en la satisfacción. A Él sí que nada de lo humano le era ajeno...

los psicoanalistas suelen hablar de "los que pierden cuando ganan", para marcar el el vacío causado, en apariencia paradójicamente, por la satisfacción.

saludos!

Anónimo dijo...

los deseos no se satisfacen. por ello son deseos.

gq dijo...

diría más bien que no dejan de renovarse como deseos. no hablaría de insatisfacción absoluta.

saludos!

Anónimo dijo...

mmmm. no sé si te entendí...
o sea, si se renuevan continuamente como deseos, ¿qué es lo que se renueva? ¿un deseo específico que muta en otro muy distinto o muta manteniendo algo de la naturaleza del anterior? ¿eso no sería la práctica de desear?
¿hablarías de insatisfacción parcial? ¿la parcialidad desembocaría en la renovación?
definitivamente no te entendí y ahora estoy batiendo cualquiera...

Anónimo dijo...

la diferencia entre lo que uno busca y lo que encuentra es lo que hace que se produsca el deseo.
saludos!

gq dijo...

"la práctica del desear", coincide con mi idea de "deseo". quiero decir, el sustantivo deseo y el verbo desear me resultan sinónimos.
me parece que esa idea de anónimo 2 (pongan nombre, che, que me gusta saber quien pensó algunas cosas. no es espionaje ni anacronismo, es la posibilidad de pensar un interlocutor) del deseo como diferencia quizá haga más clara mi -confusa- idea de satisfacción parcial y renovación.
saludos!

ceci dijo...

anonimo 2 = ceci
aca otra definicion de deseo
lo buscado nunca es lo encontrado y viceversa, pues aqui él.